Egocentrismo en niños: Adultos egoístas

imagen niños jugando

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El diccionario de la Real Academia Española, define el egoísmo como un amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés.

El matiz “desmedido”, resulta pues determinante en este caso, puesto que cualquier ser humano busca de forma recurrente la consecución de sus propias necesidades. En este sentido, y desde el humanismo, Abraham Maslow, fue uno de los primeros psicólogos en prestar atención a la importancia que los seres humanos sienten por cubrir sus propias necesidades humanas.

No obstante, la persona egoísta, excede esa atención que presta a sus necesidades, anteponiendo de forma invariable, las suyas a las de los demás.

Egoísmo, y por tanto en contraposición al altruismo, ya aparece en la más tierna infancia, a través de comportamientos habituales en los niños, que buscan acaparar, contener y arrebatar los objetos más cercanos. Para muchos niños en esta fase, compartir por ejemplo juguetes con sus hermanos o compañeros de clase, es una opción que no contemplan, pero que a través del proceso de socialización, a través de agentes como los principales cuidadores, se van atenuando. Este egocentrismo, es definido por uno de los psicólogos más influyentes en este campo como es Jean Piaget, considerándolo como habitual entre los tres y los seis años de vida.

No obstante, este rasgo de la personalidad centrado en uno mismo, puede perpetuarse en la adolescencia e incluso en la edad adulta si no se establecen medidas correctoras. De este modo, características psicológicas como el narcisismo, proceden de forma clara de comportamientos egoístas de esos niños. La falta de empatía es otra característica de niños y adultos egoístas, que no ven el sufrimiento o la necesidad en sus semejantes.

La mirada constante del egoísta en sí mismo, provoca que al no cubrirse esas necesidades, aparezcan a su vez otros rasgos que también pueden perpetuarse, como la baja tolerancia la frustración o la necesidad de recompensa inmediata, conformando a su vez niños (y adultos) exigentes y demandantes.

Es por todo esto, que resulta de vital importancia, estimular en los niños valores antagónicos al egoísmo, como el altruismo, la empatía o la solidaridad, como base firme para construir adultos sanos desde un punto de vista emocional y psicológico.

Rafael Valdivia Vasco, psicólogo sanitario.

La importancia de la frustración en nuestros/as hijos/as.

Hijos fustrados

Pautas y herramientas para desarrollar este aprendizaje: la frustración.

Hijos fustrados

No podemos tener todo aquello que queremos. Por este motivo, desde pequeños hay que enseñarles a tolerar la frustración para permitir que nuestros hijos/as puedan enfrentarse de forma positiva a las distintas situaciones que se les presentarán en la vida. La frustración es una vivencia emocional que se presenta cuando un deseo, un proyecto, una ilusión o una necesidad no se llega a satisfacer o a cumplir y esto puede llegar a provocar, en mayor o menor medida, una serie de emociones como el enfado, la tristeza, la angustia, la ansiedad, etc.

La tolerancia a la frustración es una habilidad fundamental para que los niños aprendan a que no todo es posible. Aprender a tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos. Por lo tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse.

Intentar complacer siempre a los niños y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación no favorece su desarrollo integral como persona, ya que cuando sean adultos deberán enfrentarse a circunstancias tanto de éxito como de fracaso.

En general, los niños con poca tolerancia a la frustración:

  • Tienen dificultades para manejar las emociones.
  • Son exigentes.
  • Son más impulsivos e impacientes.
  • Buscan satisfacer sus necesidades de forma inmediata, por lo que, cuando deben enfrentarse a la espera o postergación de sus necesidades, pueden tener rabietas y llanto fácil.
  • Creen que todo gira a su alrededor y que lo merecen todo, por lo que sienten cualquier límite como injusto ya que va contra sus deseos. Les cuesta comprender por qué no se les da todo lo que quieren.
  • Tienen una baja capacidad de flexibilidad y adaptabilidad, por lo que les cuesta adaptarse a las situaciones nuevas o que no son como se esperan.
  • Manifiestan una tendencia a pensar de forma radical: algo es blanco o negro, no hay punto intermedio.

¿Cómo podemos enseñarles a tolerar la frustración?. Esto hay enseñarlo desde que son pequeños/as y nuestro ejemplo como padres/madres es fundamental.

  • Las normas y límites son fundamentales y han de cumplirse con firmeza y tranquilidad.
  • El NO, es necesario.
  • No ceder ante sus rabietas. En el blog os ofrecimos consejos para ello.
  • Educarle en la cultura del esfuerzo y ser perseverante.
  • No darle todo hecho. Si se le facilita todo y no se le permite alcanzar sus retos por sí mismo/a, es difícil que pueda equivocarse y aprender de sus errores para saber cómo enfrentarse al fracaso.
  • Marcarle objetivos realistas y razonables, en función de su edad y/o madurez.
  • Los fracasos como oportunidad de aprendizaje. Enseñar al niño/a que cuando se pierde se pueden buscar nuevas alternativas para lograr la meta.

Actualmente, existen diferentes herramientas que podemos utilizar como apoyo para este aprendizaje, como las siguientes:

  • Técnicas de relajación: frasco de la calma (muy fácil de hacer en casa con nuestro hijo/a), respiración profunda, meditación, etc.
  • Cuentos para niños/as con temas de tolerancia a la frustración e inteligencia emocional.
  • Interpretar una situación frustrante y buscar varias alternativas de solución. Podéis hacerlo, incluso, como un juego.

Es muy importante reforzar positivamente cuando nuestro/a hijo/a utilice una estrategia adecuada, siempre. Y hay que enseñarles a identificar las emociones y sentimientos de frustración que puedan tener para ayudarles en la gestión de sus emociones y, por tanto, desarrollar la inteligencia emocional.

Artículo realizado por Patricia Jiménez, psicóloga, con amplia experiencia en mediación familiar e intervención en familias y/o parejas, separaciones y/o rupturas conflictivas e interferencias parentales.