Temperamento y carácter: la visión de un premio Nobel

Eric Kandel, famoso psiquiatra y Profesor en la Universidad de Columbia de Nueva York desde 1974, es actualmente reconocido a nivel mundial por sus descubrimientos en funciones cerebrales como la memoria y especialmente los recuerdos. A partir de sus estudios en la Aplysia califórnica, un molusco marino que habita en el océano pacífico, no sólo revoluciona el estudio de las neurociencias, sino que obtiene entre otros reconocimientos, el premio Nobel de medicina en el año 2000.

Los avances tecnológicos de las últimas décadas, a través de técnicas como la Resonancia magnética Funcional o el EEG, permiten un conocimiento exponencial y exacto de los procesos mentales en el ser humano, alejados de interpretaciones subjetivas y dinámicas del funcionamiento del cerebro. A partir de ellos, conocemos aspectos tan esenciales en el aprendizaje por imitación de los niños, a partir de estudios recientes de la Universidad de Parma, coordinados por el Profesor Rizzolatti, en los que se resalta la importante función cognitiva de las neuronas espejo. A partir de varios experimentos, descubrimos que estas neuronas de la corteza frontal motora, no sólo se activan ante los movimientos propios, sino también ante las  acciones de los que nos rodean.

Y es que a partir de este tipo especializado de neuronas, descubrimos poco a poco la diferencia entre dos conceptos fundamentales: el temperamento: con clara influencia genética y poco moldeable a los cambios, frente al carácter: aquello que se forja a partir de nuestras experiencias, de las valoraciones propias y de los aprendizajes que extraemos de ellas, permitiendo que el primero pueda ser modificado por el segundo.

Es por tanto, que estas neuronas espejo, y la comprensión del cerebro a partir de las neurociencias, las que permiten entender cómo el niño asimila y generaliza determinados comportamientos, valores y creencias, a partir de los que le rodean: generalmente la familia y su entorno más cercano. La adquisición de valores como el altruismo o la empatía, tienen un claro factor social, relacional, a partir de la capacidad de nuestro cerebro de absorber y asimilar nuestro entorno. No obstante, la violencia, la agresividad, el odio, son cualidades o rasgos, que del mismo modo pueden aprenderse a partir de esa experiencia cercana de los que nos rodean.

Regresando a la Aplysia Californica, ésta es tan asombrosa que tan sólo cuenta con 20.000 neuronas, tan grandes que pueden observarse a simple vista, frente a las 11 mil millones, que se encuentran en el ser humano. La característica esencial de ellas, es su similitud a las nuestras en cuanto a la trasmisión de impulsos eléctricos en las sinapsis. A partir del condicionamiento clásico aplicado a la Aplysia por chorros de agua, por parte de Kandel y de principios tan esenciales como la habituación o la sensibilización, fue posible sentar las bases científicas de la memoria y los recuerdos en el ser humano.

Ya octogenario, Kandel prosigue su labor científica y divulgadora en la Universidad. Su legado perdurará en profesionales y estudiantes de diferentes ramas de la ciencia, entre ellas la psicología. Pero también fuera de ellas. En cierta ocasión, y tras recibir el premio Nobel, Kandel es invitado a una televisión alemana para hablar de los aspectos científicos relacionados con el cerebro. Junto a él, una señora mayor, con aspecto de cantante de rock, atiende ensimismada a las enseñanzas del profesor de universidad. Cuando termina, se acerca y tras un abrazo sincero le felicita por una de las explicaciones sobre psicología del cerebro más amenas y claras a las que ha asistido. Sin comprender nada, Eric se despide ella, mientras alguien le susurra al oído que esa mujer se llama Tina Turner.

Fdo. Rafael Valdivia, psicólogo sanitario.