El desarrollo moral y su relación con la violencia filioparental

Los factores implicados en la violencia que se produce de hijos e hijas a padres, o violencia filioparental, son variados y complejos. Desde la estructura familiar, hasta la dinámica entre sus miembros, son estudiados para tratar de comprender los motivos que subyacen a este fenómeno esquivo y oculto.

Lawrence Kohlberg

Entre los factores más estudiados encontramos, por ejemplo, la exposición a la violencia, los estilos educativos paternos o el consumo de sustancias, conformando el intrincado perfil de los actores implicados.

No obstante, existe una variable tan esencial como poco estudiada, al menos a este respecto: el desarrollo moral, siendo Lawrence Kohlberg, su mayor exponente.

Cuando Kohlberg desarrolla su teoría en los años 70, pocos creen en un enfoque que hasta ese momento parece más acorde en áreas como la filosofía o la teología, pero revelándose con el tiempo como fundamental.

Conocer la teoría del desarrollo moral, es conocer a Kohlberg. De temperamento rebelde, de joven se mostró contrario a la aceptación de normas y límites, causándole no pocos problemas. Es en la madurez, y a partir de experiencias personales tras la Segunda Guerra Mundial ayudando a judios a regresar al nuevo estado de Israel, cuando toma conciencia de la importancia de la Moral en el ser humano.

La teoría del desarrollo moral, es desarrollada tras nueve años de doctorado, y a partir de una muestra inicial de 50 participantes a los que se les sometía a diferentes dilemas morales. Su teoría, bebe de diferentes fuentes, desde la novela “Los hermanos Karamazov”, de Fiodor Dostoievsky, hasta las cuatro etapas del desarrollo cognitivo de Piaget, su mentor.

Kohlberg define el juicio moral como un proceso cognitivo que permite reflexionar sobre los propios valores y ordenarlos en una jerarquía lógica. Además, para desarrollar este juicio moral es necesaria la asunción de roles, que se refiere tanto a la capacidad de ponerse en el lugar del otro, como de poder observar la situación problemática desde una perspectiva de tercera persona, o como un otro generalizado. Las situaciones problemáticas generan un desequilibrio en la vida de la persona. Lo que deberá hacer es buscar restaurar el equilibrio, clarificando sus creencias y justificando su decisión.

A partir de esta concepción, Lawrence Kohlberg establece el desarrollo moral en tres estadios, divididos a su vez en seis etapas.

Estas 6 etapas se engloban en tres categorías más amplias: la fase pre-convencional, la convencional y la post-convencional.

1. fase pre-convencional.

En la primera fase del desarrollo moral, que según Kohlberg suele durar hasta los 9 años, la persona juzga los acontecimientos según el modo en el que estos la afecten a ella.

1.1. Primera etapa: orientación a la obediencia y el castigo

En la primera etapa, el individuo solo piensa en las consecuencias inmediatas de sus acciones, evitando las experiencias desagradables vinculadas al castigo y buscando la satisfacción de las propias necesidades.

Por ejemplo, en esta fase se tiende a considerar que las víctimas inocentes de un suceso son culpables, por haber sufrido un «castigo», mientras que las que perjudican a las demás sin ser castigadas no obran mal. Se trata de un estilo de razonamiento extremadamente egocéntrica en la que el bien y el mal tiene que ver con lo que experimenta cada individuo por separado.

1.2. Segunda etapa: orientación al interés propio

En la segunda etapa se empieza a pensar más allá del individuo, pero pero el egocentrismo sigue presente. Si en la fase anterior no se puede concebir que exista un dilema moral en sí porque solo existe un punto de vista, en este empieza a reconocerse la existencia de choques de intereses.

Ante este problema, las personas que se encuentran en esta fase optan por el relativismo y el individualismo, al no identificarse con valores colectivos: cada uno defiende lo suyo y obra en consecuencia. Se cree que, si se establecen acuerdos, estos deben ser respetados para no crear un contexto de inseguridad que perjudique a los individuos.

2. Fase convencional

La fase convencional suele ser la que define el pensamiento de los adolescentes y de muchos adultos. En ella, se tiene en cuenta la existencia tanto de una serie de intereses individuales como de una serie de convenciones sociales acerca de lo que es bueno y lo que es malo que ayuda a crear un «paraguas» ético colectivo.

2.1. Tercera etapa: orientación hacia el consenso

En la tercera etapa las acciones buenas están definidas por cómo repercuten sobre las relaciones que uno tiene con los demás. Por eso, las personas que se encuentran en la etapa de orientación hacia el consenso tratan de ser aceptadas por el resto y se esfuerzan por hacer que sus acciones encajen muy bien en el conjunto de reglas colectivas que definen lo que es bueno.

Las acciones buenas y malas están definidas por los motivos que hay detrás de ellos y el modo en el que estas decisiones encajan en una serie de valores morales compartidos. La atención no se fija en lo bien o mal que puedan sonar ciertas propuestas, sino por los objetivos que hay detrás de ellas.

2.2. Cuarta etapa: orientación a la autoridad

En esta etapa de desarrollo moral, lo bueno y lo malo emana de una serie de normas que se perciben como algo separado de los individuos. El bien consiste en cumplir las normas, y el mal es incumplirlas.

No cabe la posibilidad de actuar más allá de estas reglas, y la separación entre lo bueno y lo malo es tan definida como concretas sean las normas. Si en la etapa anterior el interés está puesto más bien en aquellas personas que se conocen y que pueden mostrar aprobación o rechazo por lo que hace uno, aquí el círculo ético es más amplio y engloba a todas aquellas persona sujetas a la ley.

3. Fase post-convencional

Las personas que se encuentran en esta fase tienen como referencia principios morales propios que, a pesar de no tener por qué coincidir con las normas establecidas, se apoyan tanto en valores colectivos como en libertades individuales, no en exclusivamente en el propio interés.

3.1. Etapa 5: orientación hacia el contrato social

La manera de razonamiento moral propia de esta etapa surge de una reflexión acerca de si las leyes y las normas son acertadas o no, es decir, si dan forma a una buena sociedad.

Se piensa en el modo en el que la sociedad puede afectar a la calidad de vida de las personas, y se piensa también en el modo en el que las personas pueden cambiar las normas y las leyes cuando estas son disfuncionales.

Es decir, que existe una visión muy global de los dilemas morales, al irse más allá de las reglas existentes y adoptar una posición teórica distanciada. El hecho de plantearse, por ejemplo, que la esclavitud fue legal pero ilegítima y que a pesar de eso existía como si fuese algo totalmente normal entraría dentro de esta etapa del desarrollo moral.

3.2. Etapa 6: orientación hacia los principios universales

El razonamiento moral que caracteriza a esta fase es muy abstracto, y se basa en la creación de principios morales universales que son diferentes a las leyes en sí mismas. Por ejemplo, se considera que cuando una ley es injusta, cambiarla debe ser una prioridad. Además, las decisiones no emanan de suposiciones acerca del contexto, sino de consideraciones categóricas basadas en los principios morales universales.

A partir de esta clasificación, cabe preguntarse hasta qué grado de desarrollo moral alcanzan los menores que agreden a sus padres. Muy posiblemente estén ubicados, la mayoría de ellos, en el estadio preconvencional, aceptando las normas únicamente por el miedo al castigo, permaneciendo en él de forma prolongada. Incidir, trabajar desde la psicología, en el desarrollo de una moralidad más avanzada en ellos, supone un claro factor de protección, para ellos y para sus propias familias.

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