Estrategias para afrontar las rabietas y extinguirlas, educando emocionalmente

imagen niña rabieta

Tal como vimos la semana pasada, existen señales de alerta que debemos tener en cuenta para no llegar a situaciones posteriores que sean muy negativas. En esta ocasión, hablaremos de las rabietas, conductas muy comunes que seguro todos y todas hemos tenido que vivir en más de una ocasión con nuestros hijos/as.

Las rabietas suelen comenzar a partir de los 2 años y suelen durar hasta los 5 años, pero debemos saber manejarlas adecuadamente para que no continúen y sean cada vez más constantes y más graves. Según un estudio realizado por Ramos-Paúl y Torres (2012), el 70% de los niños con comportamiento difícil con 3 años, continúan teniendo el mismo comportamiento años después, si no se lleva a cabo ninguna intervención. Si bien, las rabietas son evolutivamente esperables entre los 2-3 años, pero su frecuencia, intensidad y duración las convertirán o no en conductas desadaptativas, pudiendo desembocar en el tiempo en problemas de conducta.

Pero, ¿por qué aparece la rabieta?. Las rabietas son manifestaciones del enfado o ira, frustraciones o, incluso, por cansancio o fatiga. Cuando comienzan las rabietas (en torno a los 2 años), no saben expresar estas emociones de otra forma todavía.  Por ello, es muy importantes desde primera hora enseñarles a gestionar sus emociones a través de indicaciones verbales que le ayuden a calmarse y a verbalizar sus sentimientos. Desarrollar en nuestros/as hijos/as una buena identificación de las emociones y una buena gestión de las mismas ayudará a que pronto las rabietas desaparezcan.

Y ahora, ¿qué podemos hacer ante una rabieta?. Evidentemente, es importante el lugar dónde ocurra debido a que nosotros/as no estaremos igual de tranquilos/as en casa que en un supermercado o en la calle. Lo primero que debemos tener claro ante una rabieta es entender el por qué ha surgido (para conseguir algo, por cansancio, …) y no perder nosotros/as los nervios (porque es imposible modificar la ira de nuestro/a hijo/a si nosotros/as estamos respondiendo del mismo modo). A continuación, os ofrecemos unas estrategias para ayudaros a minimizar (y extinguir) las rabietas:

  • Durante la rabieta, propiamente dicho, lo más eficaz es anunciar una conducta alternativa: “cuando te tranquilices, te atiendo” e ignorar el comportamiento negativo. Si es una rabieta en la que nuestro/a hijo/a puede hacerse daño (porque se de golpes o se arroja violentamente hacia atrás) no podemos ignorar el comportamiento, en este caso, sujetaremos a nuestro/a hijo/a en brazos y esperamos hasta que sintamos que no se va hacer daño.
  • Decirle cómo os estáis sintiendo: “Me estoy enfadando mucho o me estoy poniendo muy triste por tu comportamiento”.
  • Si existe posibilidad, por ejemplo porque estemos en casa, retirarnos a otra habitación durante un tiempo corto (un minuto por cada año de nuestro/a hijo/a) y decidle: “cuando te tranquilices, vuelvo”. Cada vez que vuelvas a la habitación dónde se encuentra el menor, si persiste en la rabieta, volver a irnos ofreciendo la misma indicación.
  • Si nos encontramos fuera, una opción es retirarnos con nuestro/a hijo/a a otro lugar y decirle: “volveremos cuando te tranquilices”.

Una vez la rabieta ha finalizado, es muy importante darle la enhorabuena por conseguir calmarse y decirle: “me gusta que estés así de tranquilo/a y ahora podemos hablar” o “estoy contenta porque te has tranquilizado”.  Es decir, hay que reforzar positivamente que haya conseguido calmarse.

En este momento, ya podemos ayudarle a identificar qué emoción ha hecho que se comporte de ese modo y enseñarle a gestionar esa emoción ofreciéndole otros comportamientos adaptativos y positivos. Es muy importante que nosotros/as seamos capaces también de identificar nuestras emociones y hacérselas saber: “Cuando te has comportado así, me he sentido…, sin embargo, cuando te has tranquilizado me he sentido…”.

Si las rabietas ocurren más de cinco veces al día, se daña a sí mismo/a o a otros/as durante las rabietas, tiene otros problemas de conducta, o este enfoque no produce mejoría en un tiempo, deberá consultar con un profesional para conocer otros factores que puedan estar influyendo negativamente en la extinción de las rabietas de su hijo/a. Si tenéis más dudas o necesitáis asesoramiento, ¡no dudéis en contactar con nosotros!.

La próxima semana en el blog, continuaremos con recomendaciones sobre las claves necesarias para manejar otro tipo de comportamientos negativos de nuestros/as hijos/as.

Artículo realizado por Patricia Jiménez, psicóloga, con amplia experiencia en mediación familiar e intervención en familias y/o parejas, separaciones y/o rupturas conflictivas e interferencias parentales.

Referencias:

  • Ramos-Paúl, R. y Torres L. (2012). Niños desobedientes, padres desesperados. Madrid: Aguilar.

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